Los sismos en México reavivan la predicción de Mhoni Vidente sobre septiembre

Cada vez que la tierra se mueve en México, hay frases que vuelven a aparecer en redes sociales como si nunca se hubieran ido. Eso es justamente lo que pasó esta semana con unas declaraciones que la astróloga Mhoni Vidente hizo semanas atrás sobre un eclipse lunar y un posible temblor.

La coincidencia entre sus palabras y dos movimientos telúricos registrados en el país bastó para que el tema volviera a circular con fuerza. Usuarios compartieron capturas, videos y comentarios preguntándose si la vidente había acertado otra vez.

Sin embargo, antes de sacar conclusiones apresuradas vale la pena revisar qué dijo exactamente, qué ocurrió después y, sobre todo, qué diferencia existe entre una intuición astrológica y una predicción científica verificable.

¿Qué dijo Mhoni Vidente sobre los sismos?.

Todo comenzó el 26 de agosto de 2026, durante una transmisión en la que la astróloga abordó distintos temas de actualidad, como suele hacer en sus apariciones habituales. En esa ocasión centró parte de su atención en el eclipse lunar que se aproximaba para finales de mes.

Según sus palabras, ese fenómeno astronómico podría estar relacionado con un movimiento telúrico. No obstante, fue clara en un punto: no habló de un desastre ni de consecuencias graves. Su mensaje apuntaba más bien a que el episodio generaría, en sus propios términos, solamente un susto.

A eso sumó otra afirmación que terminó llamando más la atención con el paso de los días: septiembre sería, de acuerdo con su lectura astrológica, un mes especialmente fuerte. Una frase amplia, sin fecha puntual ni lugar definido, pero que quedó flotando en la conversación pública.

El eclipse lunar de agosto sí ocurrió como estaba previsto.

A diferencia de los sismos, los eclipses no dejan lugar a la sorpresa. Se calculan con años de anticipación gracias al movimiento conocido de la Tierra, la Luna y el Sol, y este no fue la excepción.

El fenómeno tuvo lugar entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de agosto. La NASA detalló que se trató de un eclipse lunar parcial profundo, en el que aproximadamente el 96.3 % del disco lunar quedó cubierto por la zona más oscura de la sombra terrestre durante su punto máximo.

Fue, en resumen, un evento astronómico documentado y esperado por la comunidad científica. Que haya ocurrido en la fecha anunciada no aporta, por sí mismo, ninguna evidencia sobre actividad sísmica posterior.

¿Puede decirse que la predicción se cumplió?

Aquí es donde conviene detenerse con calma. No es posible afirmar, desde un punto de vista científico, que lo dicho por la astróloga se haya cumplido.

El problema no es solo si hubo o no movimientos telúricos después de sus declaraciones. El punto central es que su mensaje nunca incluyó, al mismo tiempo, una ubicación precisa, una magnitud concreta y una fecha exacta. Y esos tres datos son, precisamente, los que marcan la diferencia entre una intuición y una predicción verificable.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) lo explica con claridad: para que una predicción sísmica tenga valor científico debe especificar cuándo ocurrirá el evento, dónde se ubicará y qué magnitud tendrá. Sin esos tres elementos, cualquier afirmación general corre el riesgo de coincidir con algún sismo simplemente por probabilidad, sobre todo en un país donde la actividad tectónica es constante.

Los sismos que devolvieron el tema a la conversación.

Lo cierto es que sí hubo movimiento sísmico en los días posteriores, y eso fue lo que reactivó el interés por sus palabras.

El 2 de septiembre se registró un sismo de magnitud 5.5, con epicentro localizado 145 kilómetros al suroeste de Huixtla, Chiapas. Días después, el 5 de septiembre, se sintió otro de magnitud 4.1, esta vez a 133 kilómetros al suroeste de Cihuatlán, Jalisco.

Ambos eventos fueron reales y quedaron registrados oficialmente. Pero ninguno de los dos coincide con una fecha, un lugar y una magnitud que hubieran sido anunciados previamente con precisión. Son datos que, vistos en conjunto, no permiten sostener que hubo un acierto en sentido estricto, sino apenas una coincidencia temporal entre un comentario astrológico amplio y la actividad sísmica habitual del país.

¿Los eclipses realmente pueden provocar terremotos?.

Es una pregunta que surge cada cierto tiempo, y la ciencia ya la ha revisado en varias ocasiones. La atracción gravitatoria de la Luna y el Sol sí genera mareas y pequeñas variaciones de tensión en la corteza terrestre, eso es un hecho comprobado.

Lo que no está comprobado es que esas variaciones sirvan para anticipar dónde o cuándo ocurrirá un sismo. Numerosos estudios revisados por especialistas no han encontrado una correlación lo bastante sólida como para usar la posición lunar o planetaria como herramienta de predicción confiable.

Los terremotos responden a procesos mucho más complejos: acumulación y liberación de energía en fallas geológicas, movimiento de placas tectónicas, tensiones que pueden tardar años en desencadenarse. Reducir todo eso a la cercanía de un eclipse simplifica un fenómeno que la geología todavía estudia con cautela.

La actividad sísmica de México, una constante y no una excepción.

Hay otro factor que ayuda a entender por qué este tipo de coincidencias son tan frecuentes: México es geológicamente uno de los territorios más activos del planeta. En su subsuelo interactúan varias placas tectónicas, entre ellas Norteamérica, Cocos, Rivera, Pacífico y Caribe.

Estados como Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Colima y Jalisco registran movimientos con regularidad, muchos de ellos tan pequeños que solo los detectan los instrumentos del Servicio Sismológico Nacional. En ese contexto, que ocurra un sismo durante una semana cualquiera no representa nada fuera de lo común.

Lo que dicen las autoridades y las recomendaciones de siempre.

Hasta el momento, ninguna institución oficial mexicana ha emitido una alerta sobre un terremoto previsto para septiembre. La vigilancia sísmica continúa de manera permanente, igual que durante cualquier otro mes del año.

Los mensajes que anticipan grandes sismos, vengan de donde vengan, conviene tomarlos con cautela y contrastarlos siempre con fuentes oficiales como el Servicio Sismológico Nacional y Protección Civil. Contar con una mochila de emergencia, conocer las zonas seguras dentro de casa o el trabajo y tener claras las rutas de evacuación siguen siendo medidas útiles en cualquier momento, más allá de lo que digan las lecturas astrológicas.

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