Una casa aislada, un grupo de amigos y una amenaza que no llega desde afuera, porque ya vive dentro, con esa idea sencilla, primate convierte unas vacaciones familiares en una noche de supervivencia que ya puede verse en Netflix.
La historia es ficticia, Los personajes, los hechos y la propiedad hawaiana salen de la imaginación del director Johannes Roberts y de su coguionista, aun así la premisa toca un miedo con antecedentes reales: el de los chimpancés criados como mascotas dentro de hogares particulares.
Ese miedo tiene un nombre propio: Travis, el chimpancé de Stamford, Connecticut, cuyo caso conmocionó a Estados Unidos en 2009. Conviene aclararlo desde el principio: la cinta no recrea aquel episodio ni está basada oficialmente en él, la conexión es temática, no argumental.
¿De qué trata Primate?
Lucy, una estudiante universitaria, regresa a la casa familiar en Hawái, allí vive Ben, un chimpancé que perteneció a su madre, ya fallecida, Ben creció como un integrante más del hogar y aprendió a comunicarse mediante un dispositivo.
Esa cercanía hace que el giro resulte más incómodo, el animal contrae rabia y empieza a comportarse de forma violenta e impredecible, Lucy y sus amigos quedan atrapados en esa propiedad aislada, sin demasiadas salidas. La piscina se convierte en un refugio temporal, porque Ben no sabe nadar, lo que viene después es mejor descubrirlo frente a la pantalla.
El suceso real relacionado con la película.
Travis era un chimpancé criado como mascota por Sandra Herold, vivía dentro de un entorno humano y lo trataban como a un miembro de la familia.
El 16 de febrero de 2009 atacó en Stamford a Charla Nash, amiga de su cuidadora, Charla sobrevivió, pero sufrió lesiones graves y necesitó numerosos procedimientos médicos. La policía intervino y el chimpancé murió durante el incidente.
El caso tuvo repercusión internacional, reabrió una pregunta incómoda que todavía circula: ¿es prudente mantener primates salvajes como mascotas? Esa es la zona donde la película se apoya, sin tomar prestados nombres ni escenas de aquella historia.
Las diferencias entre Ben y el chimpancé Travis.
Las diferencias pesan tanto como el parecido, Ben es un personaje de ficción, pensado para sostener una trama de terror y supervivencia. Travis fue un animal real, y su caso dejó consecuencias reales para personas reales.
Ben pertenecía a la madre de Lucy, vive en una casa de Hawái y en el relato enfrenta a un grupo de jóvenes que vuelve de vacaciones, además, su conducta cambia por la rabia, un elemento propio del guion. Travis vivió en Stamford, con Sandra Herold, y su historia no encaja en ningún libreto: es un hecho puntual con víctimas, investigación y debate público.
Lo que comparten es la idea de fondo, un animal criado entre personas puede parecer parte de la familia y aun así, conservar la fuerza de una especie salvaje.
La influencia de Cujo en la historia.
Roberts reconoció que Cujo, de Stephen King, fue una de sus principales inspiraciones, se nota en el esquema: una amenaza conocida, cercana, que se vuelve peligrosa dentro de un espacio del que cuesta salir.
La diferencia está en el animal elegido. Un chimpancé tiene manos, entiende señales y se parece mucho más a nosotros, lo que cambia el tipo de tensión. Roberts toma esa herencia del terror clásico y la lleva a otro terreno.
El reparto y la creación del chimpancé.
Johnny Sequoyah interpreta a Lucy, y Jessica Alexander y Troy Kotsur completan el trío protagónico. El guion lleva la firma de Johannes Roberts y Ernest Riera.
Ben no fue interpretado por un chimpancé real. El personaje cobró vida gracias al especialista en movimiento Miguel Torres Umba, con ayuda de prótesis, animatrónicos y efectos prácticos. Es una decisión que se agradece: evita poner a un animal en escena y le da a la criatura un peso físico que los efectos digitales no siempre logran.
¿Vale la pena ver Primate en Netflix?.
Si disfrutas del terror de encierro y de las historias directas, probablemente sí, dura alrededor de 90 minutos, así que no da tiempo a distraerse, eso sí: contiene escenas intensas, por lo que está pensada sobre todo para adultos.
Quien busque una reconstrucción del caso de Travis no la va a encontrar, tampoco hace falta. La ficción aprovecha un temor que tiene antecedentes reales, pero los acontecimientos y los personajes de la cinta son inventados.
