El sur de México volvió a temblar. Antes de que amaneciera este lunes, el Servicio Sismológico Nacional ya tenía en su radar dos sismos ubicados en zonas donde la tierra se mueve con cierta regularidad: Oaxaca y Chiapas. Ninguno de los dos pasó de una magnitud moderada, pero ambos quedaron registrados con precisión por la red de monitoreo del organismo.
Así lo confirmó el reporte del sismo en México hoy 31 de agosto, que detalla horarios, ubicaciones y profundidades de cada uno de los movimientos detectados durante la madrugada y la mañana.
Un sismo de 4.1 cerca de Unión Hidalgo, Oaxaca
El más reciente de los dos ocurrió por la mañana, con epicentro a unos 27 kilómetros al este de Unión Hidalgo, en Oaxaca. El SSN le asignó una magnitud de 4.1, con una profundidad cercana a los 100 kilómetros, una cifra que no es menor a la hora de entender por qué este tipo de sismos suele pasar casi desapercibido para buena parte de la población.
Por ahora no hay reportes de daños vinculados a este movimiento. La combinación de su magnitud, la profundidad del foco y la distancia respecto a las zonas más pobladas explica en buena medida por qué no se han registrado afectaciones hasta el momento.
Chiapas también tembló durante la madrugada
Horas antes, cerca de las 2:26 de la madrugada, la costa de Chiapas registró otro sismo, este de magnitud 4.0. Su epicentro se localizó a 62 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo, con una profundidad estimada de apenas 10 kilómetros.
Aquí vale la pena detenerse un momento: aunque las magnitudes de ambos sismos fueron prácticamente idénticas, la diferencia en la profundidad pudo hacer que se percibieran de forma distinta en la superficie, en caso de haber sido sentidos. Los sismos superficiales, como este último, suelen notarse con mayor claridad que los que ocurren más abajo, aunque la magnitud sea similar. Tampoco en este caso se reportaron daños materiales ni personas lesionadas.
¿Por qué Oaxaca y Chiapas concentran tanta actividad sísmica?
No es casualidad que estos dos estados aparezcan una y otra vez en los reportes del SSN. Frente a las costas del Pacífico mexicano convergen la placa de Cocos y la placa Norteamericana, dos estructuras que se desplazan de manera constante y que, al hacerlo, acumulan y liberan energía de forma continua.
Esa dinámica geológica explica que en la región se registren numerosos sismos a lo largo del año, la mayoría de magnitud baja o moderada, muchos de los cuales ni siquiera llegan a sentirse. Que en una sola jornada se detecten varios movimientos no es, por sí mismo, una señal de alarma ni un indicio de que se aproxime un terremoto de mayor magnitud. Hasta ahora no existe ningún método científico capaz de anticipar con exactitud cuándo, dónde o con qué intensidad ocurrirá un próximo sismo.
El SSN mantiene la vigilancia activa
A través de su red de estaciones distribuidas en distintas regiones del país, el Servicio Sismológico Nacional continúa monitoreando la actividad sísmica las 24 horas. Conviene recordar que los primeros datos difundidos tras un sismo son preliminares: la magnitud, la profundidad o la ubicación exacta pueden ajustarse conforme los especialistas revisan la información con mayor detalle.
Hasta el momento, ninguno de los dos sismos registrados este lunes en Oaxaca y Chiapas ha dejado reportes de daños de consideración.
Se recomienda seguir siempre los canales oficiales del SSN y evitar la difusión de mensajes que anuncien terremotos futuros, ya que se trata de fenómenos naturales que no pueden predecirse. Tener identificadas las zonas seguras dentro de casa, contar con una mochila de emergencia lista y definir un plan familiar son medidas sencillas que ayudan a estar mejor preparados ante cualquier movimiento de mayor intensidad.
Lo ocurrido este 31 de agosto es, en el fondo, un recordatorio de algo que ya se sabe: buena parte del territorio mexicano se asienta sobre una zona tectónicamente activa, donde la información oportuna y la prevención siguen siendo las mejores herramientas disponibles.
